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“Es gracias al arte, que cada vez que se revisite, vivirá para que esos hechos no se vuelvan a repetir”

Álvaro Andrés Cardona

¿Cuál fue su motivación y qué buscaba con Padre, Hijo y Espíritu Armado?

No hay motivación más fuerte que el amor y la respuesta a por qué ese sentimiento, es porque la búsqueda en la desaparición forzada es construida a partir del amor que fue arrebatado por las balas y la violencia.

¿Cómo su obra contribuye a cambiar/reforzar/cuestionar los imaginarios que los colombianos tenemos del conflicto, el perdón, la reconciliación y de los actores y víctimas del mismo?

Padre, Hijo y Espíritu Armado se construye en la reflexión constante sobre los estudios de Johan Galtung por demostrar que la violencia está representada por un iceberg, en el que la punta que sobresale por encima del mar es la violencia directa (hecho) y por debajo del mar están las otras dos violencias corresponsables entre sí; la estructural (Estado) y la cultural (social). Este trabajo busca dejar en evidencia esa violencia invisible que no percibimos y que, así como la ausencia y la genética, es imposible de retratar.

¿En tiempos de posconflicto con las FARC cómo contribuye el arte a la construcción de verdad, perdón y reconciliación?

Años después de hacer Padre, Hijo y Espíritu Armado la vida me regaló la posibilidad de asistir a uno de los hechos históricos más grandes del país: el Acuerdo de paz. Pero no desde los sobrevivientes del conflicto sino enseñando fotografía y cine a los excombatientes de las FARC. Esos mismos excombatientes que me había encontrado muchas veces en las carreteras del Catatumbo. Al aceptar esa responsabilidad asumía también mi transformación sobre los imaginarios que había construido sobre ese grupo a través de los medios y de los relatos que por años había escuchado de los sobrevivientes. Fue doloroso, pero me di cuenta y constaté personalmente que el arte facilita un proceso de reconciliación, verdad y perdón; que el arte es un espejo que nos hace conscientes de nuestra identidad y nos ubica en estado poco confortable, pero sí muy constructivo de reconocimiento.     

 

¿Cómo contribuye el arte a la construcción de memoria en un país que cada día es un desafío por la guerra, la corrupción, la pobreza, la exclusión, la discriminación y tan agitado que los problemas de hoy hacen olvidar la gravedad de los de ayer?

El arte en el conflicto armado colombiano puede generar una falsa percepción de olvido frente a los múltiples problemas que hay en nuestro país. Falsa percepción porque tiene un símil con los palimpsestos del antiguo Egipto, papiros donde se escribía la historia de su pueblo y que en un momento de crisis de papel esos mismos papiros tuvieron que reutilizarse. A través de los años historiadores y científicos se dieron cuenta de que por más intención que hubiese de borrar la narrativa, esos relatos seguían ahí. Lo mismo pasa en nuestro contexto, por más intención de olvidar nuestra memoria histórica, de poner a personas a cargo de esa labor, de olvidar a nuestros muertos, de aplicar las violencias ya conocidas o cualquier estrategia macabra que quiera acabar con nuestro relato de dolor, esa narrativa seguirá ahí y es gracias al arte que cada vez que se revisite vivirá para que esos hechos no se vuelvan a repetir.

“Tendemos a pensar que las víctimas están congeladas en un único tiempo y no; a las víctimas la vida les ha seguido con unas ausencias impresionantes”

Érika Diettes

“El arte nos permite conectar directamente con las historias y la memoria desde nuestras emociones”

Santiago Escobar-Jaramillo