Skip to content

Reconciliación: ganarle la lucha a los vestigios del conflicto

Los años de violencia que ha padecido Colombia por cuenta del conflicto armado interno han dejado varios daños como consecuencia de la violación de los derechos humanos de la población. Las víctimas han sufrido afectaciones físicas, morales, psicológicas y emocionales que afectan su vida personal y de comunidad; el 25% de quienes han vivido más de un hecho victimizante está en riesgo de padecer malestar psicológico, aun así, están dispuestas a la reconciliación.

El Observatorio de la Democracia como parte de la Muestra Especial Colombia, un país más allá del conflicto, desarrolló un ejercicio especial con el objetivo de entender los efectos psicológicos de la guerra y su incidencia sobre las actitudes hacia la reconciliación*. Cuando el hogar del entrevistado ha sufrido más de un hecho victimizante, el 25% de ellos está en riesgo de padecer malestar psicológico, proporción significativamente más alta que los casos en los que la familia del encuestado solo ha vivido un hecho victimizante (19%) o ninguno (17%).

“Los que han vivido una violencia más severa respondieron que en el último mes han sentido con mayor frecuencia síntomas de malestar psicológico. Coincide con estudios que ha hecho el Gobierno colombiano en la Encuesta Nacional de Salud Mental”, explica Adriana Gaviria, investigadora senior del Observatorio de la Democracia. En Colombia ya se ha medido el bienestar psicológico de las víctimas y el Instituto Nacional de Salud ha dicho que se debe fortalecer el acompañamiento psicosocial de estas.

En los hallazgos del estudio se encontró que hay relación entre la victimización y las actitudes de reconciliación. Entre más hechos victimizantes reportó una persona, es más probable que vea posible el perdón y la reconciliación, y tenga mayor disposición a convivir con excombatientes en la vida cotidiana. Por otro lado, “no hay evidencia de que los síntomas de malestar psicológico se traduzcan en estigmas que limiten la capacidad de las víctimas para interactuar con desmovilizados, ni generen pesimismo sobre los procesos de reconciliación”, dice Adriana Gaviria.

A pesar de la presencia de síntomas de malestar psicológico en las víctimas de violencia más severa, estas tienen una actitud dispuesta a la reconciliación, lo que plantea el reto de analizar y entender el por qué. Explica Diana María Agudelo, psicóloga y vicedecana de Investigación de la Universidad de los Andes, “a pesar del dolor y del malestar que se pueda experimentar por esos hechos, las personas pueden recuperar su funcionalidad, pueden continuar su vida y experimentar niveles de gratificación, de esperanza, de posibilidad de reconciliación”.

El bienestar y el buen vivir propician que haya vida en comunidad pese a los hechos victimizantes. Héctor Gazabón, líder en San Juan Nepomuceno y director ejecutivo de la Asociación Zona de Reserva Campesina de los Montes de María No.2, manifiesta que sí es posible la reconciliación, “con aquellos que se desmovilizaron y cumplieron sus penas a través de la justicia transicional y han tomado el camino de reincorporarse a la sociedad civil. En Montes de María hemos dado ejemplo con los reincorporados de la última desmovilización de las FARC, tenemos gente fariana acá que está haciendo proyectos productivos, que está trabajando con las organizaciones de base, intentando ingresar a esos procesos sin traer una línea ideológica para imponerla, sino que se están acomodando a la dinámica del territorio. Sí es posible la reconciliación y nosotros tenemos todo el empeño. Montes de María es resiliente y resistente, a pesar de que hubo unas masacres, tantos desplazados, aquellos que resistimos hemos tenido el tema de resiliencia por delante”.

La resiliencia es una de las herramientas que las víctimas han utilizado para lidiar las secuelas del conflicto. También hay un componente moral que contribuye a su disposición a la reconciliación, analiza Diana Agudelo, “la reconciliación y el perdón son actitudes morales, tienen que ver con la valoración del comportamiento como deseable, como bueno, como aceptable y pueden ser experimentadas por las personas a pesar de haber sufrido daño y eso tiene que ver con el desarrollo moral al que han podido acceder”.

“Nosotros pensamos en las nuevas generaciones, de que tengan un territorio en paz, que por lo menos nosotros pongamos un granito de arena para ese cambio y que ellos sigan construyendo y para que se queden en el territorio” manifiesta Héctor, quien fue víctima de desplazamiento, luego de que en la emisora donde laboraba fuera asesinado en 2004 el personero municipal.

Aun cuando no haya perdón las comunidades víctimas tienen la disposición para la reconciliación y llevar una buena convivencia con los excombatientes en su comunidad, “las víctimas tomamos esa salida porque no queremos más muertes, ya no queremos tener más a esas personas delinquiendo en nuestras comunidades. Entonces uno dice sí yo perdono y me reconcilio, de ahí para afuera, pero para dentro es otra cosa, acá uno vive casi que eternamente con ese daño. Cuenta Silver Polo, líder en La Secreta, una vereda en Ciénaga – Magdalena, y también víctima de desplazamiento forzado, “personas de la comunidad que perdieron familiares para muchos ese perdón no existe, la gente todavía se pregunta por qué, por qué asesinaron a quien no tenían que asesinar si no hacía parte de ninguno de los dos grupos. Por ese motivo los hijos de esas personas y las mismas esposas que conozco, ellas no han alcanzado a perdonar por muchos procesos psicológicos que hayan tenido, ellas no han perdonado”.

El perdón por ser una actitud personal es una decisión voluntaria en que la víctima supera los sentimientos negativos, y no es indispensable para la convivencia. Diana Agudelo expone que sin que haya perdón es posible que haya una convivencia pacífica, en donde simplemente lo que hay es un reconocimiento del otro compartiendo el mismo espacio temporal que yo comparto, pero sin una interacción que antes era por coacción y violenta por parte del actor y ahora es indiferente o cordial o distante.

La Muestra Especial 2019 se realizó en municipios priorizados en Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial- PDET y municipios No PDET, de mayor y menor capacidad estatal. En los municipios PDET tienen mayor disposición a convivir con los excombatientes, aunque apenas la mitad ve posible el perdón y la reconciliación. “En estos municipios es común que hayan tenido familiares, primos, amigos que hoy son desmovilizados, pero eso no necesariamente hace que ellos vean que es posible el perdón y la reconciliación. Por la característica del municipio ven la convivencia como algo más natural”, argumenta Adriana Gaviria.

La disposición a la convivencia también está relacionada a esa cercanía por familiaridad o proximidad social, “hay algunas personas que fueron de esos grupos y hoy están como habitantes de la comunidad. Algunos fueron familiares de personas que trabajaban o que estuvieron en la comunidad tiempo atrás, hoy para ser preciso hay dos reinsertados que están habitando en la comunidad y sí la gente se lleva muy bien con ellos, obviamente con sus precauciones”, relata el líder Silver Polo.

Desafíos de la reconciliación

Aunque el malestar psicológico que experimentan las víctimas de la violencia no influyó en su disposición a la reconciliación, y estas están dispuestas a la convivencia con los excombatientes de los grupos armados, la salud mental y el acompañamiento psicosocial es un reto de la etapa de posconflicto. En Colombia hay según la Unidad para las Víctimas 9’031.048 personas inscritas como víctimas, susceptibles de las acciones que ha puesto a consideración el Ministerio de Salud y Protección social para la atención de la salud mental de la población afectada por el conflicto.

“El desafío es llevar la salud mental al escenario de la salud pública, comprometerse con las acciones de salud mental no focalizadas exclusivamente en los pacientes que tienen trastornos”, expone Diana Agudelo. Las victimas reclaman ese acompañamiento en el proceso posterior a los años de conflicto, Héctor Gazabón desde su experiencia por la vivencia de los Montes de María, asegura “no se recibió esa ayuda o si se ha dado no ha sido efectiva esa reparación psicosocial. Reitero que le faltó a la atención psicosocial, hay muchas personas afectadas que pasan los 50 o 60 años que todavía no pueden escuchar un mofle, algún estallido o volador porque piensan que otra vez van a volver a vivir lo que vivieron en esos 20 años anteriores, en los 80 con la guerrilla, en los 90 con los paramilitares, entonces a ese proceso le faltó mucho”.

“Si hay acciones de reparación y garantías de no repetición probablemente aumenten las posibilidades de una persona de disponerse a convivir”, explica Agudelo. La vereda La Secreta en Ciénaga, Magdalena es un ejemplo de la influencia que tienen las acciones de no repetición, luego de la restitución de algunas tierras y el inicio de proyectos productivos la confianza de la comunidad aumentó, “la gente empezó a creer y fue mucho más fácil cuando arrancaron esos proyectos para mirar la parte psicosocial, entonces a la gente le cayó muy bien esos procesos de apoyo psicosocial, que fue familia por familia y fue de mucha importancia para recuperar el tejido social principalmente”, cuenta Silver Polo.

La recuperación de la confianza interpersonal en las comunidades y de estas hacia la institucionalidad es uno de los retos que plantea el proceso de posconflicto, porque la confianza en la comunidad favorece la reconciliación de los territorios. De acuerdo con el estudio del Observatorio de la Democracia, analiza Adriana Gaviria “entre más la gente cree que los habitantes en su comunidad son confiables más dispuestos están a reconciliarse”.

Agrega Diana Agudelo, “cuando convivimos con el otro, ahí sí a través de pequeños actos que muestran la disposición de la otra persona de reconstruir ese tejido que se rompió en algún momento por la acción de la guerra. Esa confianza sí es una condición claramente para la reconciliación, que yo pueda volver a creer y a confiar que esa persona que me ofendió o ese actor o esa institución en la que yo no creía ha dado muestras de querer reparar su acción, y de querer cambiar su conducta o la conducta que dio origen al acto violento o victimizante”.

En las zonas donde se vivió la crudeza de la violencia se rompieron los lazos de comunidad, dice Silver Polo “la gente perdió la credibilidad y se rompieron las relaciones entre las familias como anteriormente las tenían, la gente perdió la confianza en los demás”, pero la unidad de la comunidad es la mejor herramienta que han utilizado para hacer frente a las adversidades, “una golondrina no hace verano, mientras estemos todos organizamos todos nos blindamos, ese es nuestro blindaje, estar unidos es la única manera”, expresa Héctor Gazabón, líder en San Juan Nepomuceno.

La confianza que siente la ciudadanía hacia las instituciones del Gobierno incide en cuánto estén dispuestos a reconciliarse en comunidad, cuenta Silver Polo que “nadie confiaba en nadie, mucho menos en la institucionalidad. Se perdió totalmente la confianza especialmente de la fuerza pública porque hicieron parte en su momento del desplazamiento”. Adriana Gaviria explica que el estudio encontró que a mayor percepción de que hay cumplimiento del acuerdo hay mayor disposición a reconciliarse. “La gente vio que sí entró la Policía, el Ejército, pero entraron a hacer parte de la recuperación de las tierras y retomamos, porque me incluyo, la confianza en la institucionalidad”, Polo da testimonio de cómo ha sido el proceso de volver a confiar.

Pese a las afectacones psicológicas que dejó el conflicto armado las víctimas tienen una actitud dispuesta a reconciliarse y convivir en sus territorios con los excombatientes, pero su buena disposición no deja de lado la importancia y el reclamo de un acompañamiento psicosocial necesario para reconstruir sus vidas, el tejido social de sus territorios y la credibilidad en el Estado.

*El estudio no diagnóstica si la persona padece trastorno de estrés postraumático o no. Las preguntas están dirigidas a medir la frecuencia con que los entrevistados reportan síntomas de malestar psicológico en el último mes. La escala de medición ha sido validada y traducida a más de 20 idiomas. Se aplicó en Colombia como parte de una encuesta mundial de salud mental de la Organización Mundial de la Salud.

“Cuáles son los desafíos que tiene un país en materia de esto, priorizar la salud mental como un tema de salud pública, con acciones que no sólo tienen que ver con la atención y medicalización de las personas que tienen trastornos, sino las acciones colectivas que van a ayudar a hacer cosas como disminuir los riesgos cuando esos riesgos ya están presentes”

Diana Agudelo

“Montes de María es resiliente y resistente a pesar de que hubo unas masacres, tantos desplazados, aquellos que resistimos hemos tenido el tema de resiliencia por delante. No es que vayamos a tomar las armas para defendernos no, la única arma de nosotros es la palabra, una palabra de tres letras “paz”, más nada”

Héctor Gazabón

“Las víctimas tomamos esa salida porque no queremos más muertes, ya no queremos tener más a esas personas delinquiendo en nuestras comunidades. Entonces uno dice sí yo perdono y me reconcilio, de ahí para afuera, pero para dentro es otra cosa, acá uno vive casi que eternamente con ese daño”

Silver Polo